El nino de las estrellas libro

Luego de unos minutos observa que un niño se asoma a la superficie y viene caminando directo hacia él. Se acercan y comienzan a hablar. Conversando con ese joven, Pedro pudo notar que no era un chico como sus amigos, sino que era un ser de otro mundo, un extraterrestre con apariencia de niño, a quien Pedro le llama Ami que significa amigo.

Ami, durante los viajes que hace con Pedro nos enseña la importancia de valorar todo lo que el mundo nos ofrece, y a no pre-ocuparnos: Debemos dejar de ser egoístas, soberbios, crueles, tenemos que apartar nuestro pensar ególatra y preocuparnos por el otro, ser solidarios, tiernos, afectuosos. Creo que muchos estamos de acuerdo con el planteo de Enrique Barrios.

Es un libro que hace pensar mucho y nos enriquece con aprendizaje. Comparto contigo algunos fragmentos para reflexionar: El autor nació en Santiago de Chile en Durante su vida recorrió varios países en los cuales vivió, como España, Francia, Argentina, entre otros. Actualmente reside en Brasil desde el año donde se dedica a la enseñanza y a otras actividades.

En total ha escrito doce títulos, los que se encuentran redactados en varios idiomas. Aquí pueden encontrar frases que me gustaron o que me parecieron significativas durante la lectura: Comparte lo que descubristes. Vidas pasadas, destino presente. EUR 7, Ha surgido un problema al filtrar las opiniones justo en este momento. Vuelva a intentarlo en otro momento. Tapa blanda Compra verificada. La versión original y la redacción original de Ami ya no existen. Era el libro que siempre leí y compartí, la versión primera de los años Este libro,les abre la puerta. La realidad es que si queremos que el mundo cambie,primero tenemos que cambiar nosotros.

No podemos esperar que otro venga a dar el primer paso en nuestro lugar. Si te gusto el Principito este libro no te dejara indiferente incluso para mi gusto supera al Principito, es una lectura preciosa. Una historia asequible que te revela el verdadero secreto de nuestra vida: Al fin y al cabo es a lo que estamos destinados. Me puso el brazo sobre el hombro, y sentí en él al hermano que nunca tuve. Unas aves nocturnas pasaron graznando a lo lejos. Ami pareció deleitarse con esos sonidos, aspiró el aire marino y dijo: Es un Espíritu, un Ser infinito que lo penetra todo, que es pura inteligencia creadora, puro amor.

Su rostro brillaba en la noche al hablar del Creador, lo cual lograba emocionarme, a pesar de que no soy del tipo religioso.

AMI EL NIÑO DE LAS ESTRELLAS

Yo pensé en los habitantes de los mundos atrasados que él había mencionado antes, y también en la gente mala de este mismo planeta, en esos que habría que echar a un pozo bien hondo, y no me pareció que el Universo fuese algo tan maravi- lloso después de todo. Creo que sí. En cambio, quienes nacieron sin problemas no pueden valorar adecuadamente lo que tienen. Pasamos por mi casa. Entré silenciosamente a buscar una prenda de lana para abrigarme.

Me sentí poderoso porque ya sabía lo que había en él sin necesidad de retirar el plato superior, pero me entró una pequeña duda y eché un vistazo para cerciorarme: Volví al lado de Ami, y continuamos caminando y conversando. Él lo contemplaba todo mientras hablaba. Para eso estamos aquí —dijo alegre- mente mientras me guiñaba un ojo.

El niño que vivía en las estrellas - Jordi Sierra i Fabra / Libro 25

Serían las once de la noche. Me parecía una emocio- nante y arriesgada aventura pasear tan tarde por el pueblo, pero me sentía protegido al lado de Ami. Fíjate cómo cae la luz sobre esa enredadera. Y esas antenitas recortadas contra la luna La vida es para disfrutarla sanamen- te, Pedro. Intenta percibir y sentir, en lugar de pensar. Su energía, sus palabras, me hicieron ver las cosas desde un nuevo punto de vista. Llegamos a la plaza del pueblo. Unos jóvenes estaban en la puerta de una discoteca, otros conversaban en el centro de la pla- za.

El lugar estaba tranquilo, especialmente ahora que la tempo- rada veraniega había llegado a su fin. Nadie se fijaba en nosotros, a pesar del traje y el pelo de Ami; tal vez pensaban que se trataría de un disfraz inocente. No comprendí qué quiso decir. Después de haberme exprimido como a un limón, con métodos no muy amorosos, los médicos 52 Ami, el niño de las estrellas ami estrellas.

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No, gracias. Ami reía mientras relataba una película tan horrible, aun- que reconocí que era posible y me sentí intranquilo por él, y peor cuando se le ocurrió acercarse muy alegre a conversar con los chicos de la plaza Eso es vivir de acuerdo con la ley fundamental del Universo, así es un mundo evolucionado.

No la conoces —se burlaba de mí riendo—. Ami rió a carcajadas. Comencé a meditar en esa prohibición de intervenir en los planetas no evolucionados y me di cuenta de que algo no cuadraba: No pasaste por alto ese detalle. Los poderosos se volverían locos al ver que pierden sus privilegios y Este contacto mío contigo es parte de un plan de ayuda. Él me miró con afecto y dijo: Nosotros no podemos evitar ayudar a quienes lo necesiten porque sentimos que ellos y nosotros somos lo mismo. La solidaridad es algo natural, brota por sí misma.

A muchísima gente tampoco le gusta lo que sucede en esos luga- res y tratan de hacer algo. Algunos se van a esos países pobres a ayudar en lo que puedan; lo hacen sólo por solidaridad. Nosotros también estamos aquí motivados por la misma fuerza: Todo lo que hacemos es para entregarles información o ayuda. Por eso, SEIS: No queremos convertirnos en dro- ga de evasión No queremos ser eso, sino todo lo contrario, es decir, impulsarles a afrontar sus problemas, a superarlos. Y por otra parte, OCHO: Nada en nuestros mundos deja de estar supe- ditado al propósito general, y de acuerdo con eso, se coordina la visibilidad o invisibilidad de todo lo que se mueva en sus cielos.

Nuestro res- peto por la libertad ajena se basa en la solidaridad universal, que a su vez tiene sus raíces en el amor. Así como sus biólogos no tocan nada que pueda afectar la evolución de muchas especies de la Tierra a las que quieren proteger, excepto procurando quitar la contaminación de origen humano que pueda rodearlas y afectarlas Yo debo irme pronto, Pedro. Sí, me pareció, aunque escribir yo solo una obra literaria me sonó como una tarea descomunal. Encontré que eso también tenía sentido. La energía atómica al lado de ellas es como un fósforo al lado del sol.

Ami se desternilló de la risa. Vamos a ver a tu abuela. Tomó el pequeño televisor de la hebilla de su cinturón y ella apareció durmiendo con la boca entreabierta. Qui- siera dormir yo tam- bién. Los agentes vieron dos chicos solos a esas ho- ras de la noche, de- tuvieron el automóvil, bajaron y vinieron ha- cia nosotros. Me dio mucho miedo de que capturasen a mi nue- vo amigo, que lo encarcelasen y lo sometiesen a las torturas que él mencionó antes.

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Intenté reír yo también pero debido a mis nervios no pude hacerlo. Él respondía con alegría y despreocupación mientras mi terror aumentaba. Creía que se trataba de un juego infantil; sin embargo, Ami sólo decía toda la verdad. Yo no sabía qué hacer. Procuré sonreír y sólo me salió una mueca bastante idiota, no me atreví a decir la verdad por temor a que lo metiesen preso. A ver, paralízanos a nosotros. Los tres reían muy divertidos. De pronto, Ami se quedó quieto, se puso muy serio y los miró fijamente. Con una voz extraña, sonora y autoritaria les ordenó: No pueden, no pue- den moverse Así hay que decir algunas verdades en los mundos no evolucionados, como si fuera un juego o una fantasía —me explicó mientras les tocaba la nariz o les tiraba suavemente de los bigotes a los policías; éstos lucían una sonrisa petrificada 63 Enrique Barrios ami estrellas.

Todo lo que Ami hacía aumentaba mi temor. Yo sólo quería estar muy lejos de allí y de ese extraterrestre tan loco, tan imprudente. Bien, vamos —dijo sin entusiasmo, se acercó a los rostros de los sonrientes policías, y con la misma voz anterior les ordenó—: Al llegar a la primera esquina doblamos hacia la playa y nos alejamos del lugar. Pudo haberte tocado una de ellas. Yo no estoy hipnotizado, estoy des- pierto.

Parece que ahí sí que venía hipnotizado Otros viven temiendo a los espectros, al diablo, a los extraterrestres, a la idea de que la Tierra va a chocar con otro planeta y cosas así de feas.


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Una persona relativamente despierta siente que la vida es hermosa, que es una oportunidad extraordinaria para amar, dis- frutar, crecer y ayudar a otros, aunque haya momentos duros. Sus palabras me hicieron recordar algo muy triste, cuando me quedé sin padres.

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Yo era un bebé, por suerte, y no los recuer- do. Mi abuela se encargó de mí y me dio su cariño; pero hubie- ra preferido ser un chico corriente, con una familia normal. Qué se va a hacer Ami continuó explicando: Algo me hizo clic por alguna parte cuando Ami dijo aquello. Yo no era así ni había visto a mucha gente así, a nadie en realidad, a menos que estuviese actuando, posando para una foto o filmando una película. Él se enteró de lo que yo pensaba. Deberías aprovechar tu pro- pia vida, que es linda y corta Y pensar que algunos interrum- pen su proceso evolutivo y se suicidan por cualquier pequeña dificultad.

En lugar de hacer esfuerzos por encontrar la enseñanza encerrada en una situación límite y tratar de resolver el conflicto Ami comenzaba a hablar de una forma difícil de compren- der y todavía me asustaba el recuerdo del encuentro que había- mos tenido momentos antes. Me miró como si acabara de decir una estupidez.

Sin embargo, y a pesar de todo, si les llegas por el lado bueno, en general te devuelven lo bueno de ellos; pero si les llegas por el lado malo puedes espe- rar su lado peor. En aquel tiempo la consigna era: Esas formas mentales del pasado obligan a vivir de acuerdo con condiciones que ya no son reales, 68 Ami, el niño de las estrellas ami estrellas. Comprendí que Ami nos proponía un cambio mental muy grande, muy difícil, pero que tenía razón. Iré a dar una vuelta por las estrellas Allí se me ocurrió inmediatamente la forma de salir sin que ella me echase de menos.

Lo haré con mucho cuidado y en silencio. Estaremos de vuelta antes que ella despierte.


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No temas nada. Te acompaño adentro, entremos en silencio, shhhh. Una vez en casa hice todo de acuerdo con lo calculado, pero cuando quise poner el plato en el microondas para calen- tar mi cena, Ami me lo impidió; con el índice en la boca me hizo comprender que mi abuela podría despertar con el ruido del artefacto. También me preparé un vaso de leche con chocolate. Bien, voy a buscarla.

Me hizo gracia su recomendación innecesaria. Ami avanzó hacia las suaves olas, se internó en el agua y desapa- reció del alcance de mi vista en la oscuridad. Fueron pasando los minutos y tuve tiempo para pensar a solas por primera vez des- de la aparición de Ami Esperé largo rato. Yo estaba total- mente solo allí, en una oscura playa, terriblemente solitaria Iba a enfrentarme nada menos que a una nave alienígena La imaginación comenzó a hacerme ver sombras extrañas y movedizas entre las rocas, en la arena, emergiendo de las aguas Y así fui llegando a dudar de todo: No podía ser Después apareció el cuerpo del vehículo espacial, ovalado, con ventanillas iluminadas.

Emitía una luz entre plateada y verde. Fue una visión espantosa, sentí verdadero terror. Para mí, aquello se transformó en una maquinaria infernal, venida quién sabe desde qué sombrío rincón del espacio, llena tal vez de seres monstruosos y crueles que venían a raptarme. Me pareció de un tamaño mucho mayor que el del objeto que había visto caer al mar horas antes. Comenzó a acercarse a mí flotando a unos tres metros sobre las aguas. Aquello era una pesadilla.

El terror me había paralizado y ya no podía salir huyendo, pero tampoco podía dejar de mirar a ese engendro luminoso que venía a llevarme, tal vez a un zoológico espacial Cuando estuvo inmenso, gigantesco sobre mi cabeza, me sentí perdido, hasta pensé que aquella mole siniestra iba a aplas- tarme sin compasión.